Sí. Ya sé que vos no trabajás solamente cuatro horas diarias, sino que te quedás hasta las 12 de la noche corrigiendo pruebas y haciendo planificación. ¡Siii... ! También sé que no tenés tres meses de vacaciones. Y que estuviste hasta bien entrado diciembre tomándoles la misma prueba a los chicos para ver si por fin pasaban de grado. Siiiii, también te vimos llegar a la escuela el 6 de febrero con ese tostadito veraniego, para lidiar con las inscripciones, con los techos que se llovieron durante las vacaciones, con los padres que te piden más asientos (y vos no tenés, pero de la "Secretaría" te presionan para que recibás a todos). Y mientras tanto, no sabés cuándo comienzan las clases. La directora te dice que tenés que estar atenta al informativo. Por fin, te avisan de un día para el otro que tenés que empezar. Pero ese mismo día -el jueves pasado- recién te mandan el dinero para el aprestamiento escolar, para hacer los arreglos que tendrían que haberse hecho cuando supuestamente vos estabas de vacaciones.

 Si, ya sé. No sabés qué vas a hacer con los chicos y los trabajos de aprestamiento (que de aprestamientos no tienen nada) al mismo tiempo. Calmate. Respirá hondo. ¿No pasaste por esto mismo el año pasado? ¿Y el anterior? ¡Y bueno! Vos tenés en tus manos a los ciudadanos de mañana. Enseñales el cuento de "El traje nuevo del Emperador". Y explicales qué ridículos pueden ser los adultos cuando, en el afán de adular, dejan hacer a los gobernantes los peores papelones, como le pasó a la Señora Presidenta. Justamente a ¡Ella!